Calma

"A veces, lo más productivo que puedes hacer es relajarte" 
Mark Black



 El control del estrés es uno de los 4 pilares de la salud. Es fundamental, no sólo para tener estabilidad psicológica y equilibrio emocional, sino también para tener una buena salud física.

Cortos períodos de estrés físicos son beneficiosos (como en el caso del ejercicio intenso), ya que genera adaptaciones que nos hacen más fuertes y resistentes.

Pero un estrés constante mantenido durante mucho tiempo es perjudicial (por eso no recomiendo hacer demasiado ejercicio aeróbico de media intensidad).

Agota el sistema nervioso central y mantiene elevado durante demasiado tiempo el cortisol, hormona catabólica que busca desinflamar los tejidos, produciendo a largo plazo pérdida muscular.

También pone al cuerpo en estado de conservación de la energía, ya que interpreta que está en una crisis, por lo que reduce su actividad cerebral, intestinal y sexual, y deja de quemar grasa (por eso es más difícil adelgazar).

Por último, el estrés constante altera el equilibrio lipídico de la sangre (baja el colesterol bueno, HDL, y aumenta el malo, LDL), e incrementa el número de triglicéridos (partículas grasas que obstruyen las arterias).

Cómo controlar el estrés

El estrés más peligroso es el emocional que se mantiene en el tiempo. Es un mal de la modernidad, que nos mantiene en alerta constante corriendo de un lado al otro y preocupados constantemente por infinidad de pequeñeces.

Las emociones están directamente condicionadas por los pensamientos, pero también por nuestras acciones.

Mucho se ha hablado (y se habla) en el ámbito del desarrollo personal del control de los pensamientos. A mí personalmente me cuesta mucho controlar lo que pienso en cada momento.

La mente es como un manantial del que permanentemente están surgiendo pensamientos (muchos negativos), y es muy difícil estar seleccionando, analizando y aprobando o rechazando cada uno que aparece.

Además, por más que seamos conscientes de un pensamiento negativo y tratemos de cambiarlo por otro positivo, es muy difícil cambiar un estado mental. Si éste es negativo vamos a seguir produciendo pensamientos con esas características.

1. Actúa

Una manera que a mí me resulta muy eficaz para el manejo de las emociones no es controlar los pensamientos sino los actos.

Nuestras acciones no dependen de lo que estamos pensando en cada momento, sino de nuestra voluntad, y ésta es independiente del pensamiento.

Salvo en casos patológicos graves, somos dueños de nuestros actos. Es lo único que realmente podemos controlar. Además no es lo que pensamos lo que nos define, sino lo que hacemos.

Por eso, cuando te sientas estresado presta atención a lo que estás haciendo en este momento, concéntrate en el momento presente, y plantéate si esto es lo mejor que puedes estar haciendo ahora. Si no es así, déjalo y ponte a hacer algo más productivo.

2. Organízate

Algo que aprendí que fue radical para mí en el manejo del estrés es organizar mi mía. Tener un plan de lo que vas a hacer hoy te da tranquilidad.

Por supuesto que hay que ser flexible y estar dispuesto/a al cambio. Siempre van a surgir imprevistos. Pero el sólo hecho de estar organizados y hacer las cosas en su momento y con tiempo (esto es muy importante para no correr de un lado al otro), nos da paz mental y mejora considerablemente nuestro estado de ánimo.

3. Medita

Meditar es un gran ejercicio para "calmar las aguas de la mente" y descansar, aunque sean 10 o 15 minutos por día.

Tiene múltiples beneficios, pero hoy nos concentraremos en lo relacionado a controlar el estrés.

Para meditar sólo tienes que estar en un lugar tranquilo sentado/a cómodamente o acostado/a con los ojos cerrados, y concentrarte en tu respiración natural (que en lo posible tendría que ser abdominal).

Continuamente vendrán pensamientos a nuestra cabeza. Eso es normal. No hay que preocuparse ni enojarse. 

Simplemente cuando nos damos cuenta volvemos a concentrarnos en la respiración, en cómo entra el aire por la nariz, cómo baja por la garganta y cómo sube y baja abdomen. Eso es todo.

El ejercicio consiste básicamente en pasar continuamente la atención de la mente al cuerpo. Esto ayuda a aquietar los pensamientos y a relajarnos, para poder reanudar nuestras actividades con más calma y tranquilidad.


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