Nuestro amigo el Sol
"Mantén la cara al sol y no podrás ver una sombra"
Helen Keller
Mucho se habla de los riesgos para la salud de la piel de tomar el sol, por sus rayos UV y la posiblidad de contraer cáncer de piel y envejecimiento prematuro.
Pero así como todo en exceso es malo (salvo en el amor, que cuanto más mejor☺), así también la falta de sol es perjudicial para la salud.
Y no sólo por la vitamina D, que es muy importante, sino también por otros aspectos que son vitales para el correcto funcionamiento de nuestro organismo.
Nuestro reloj biológico, o ritmo circadiano, depende de las variaciones entre el día y la noche. El estilo de vida actual hace que estemos más tiempo encerrados durante el día con luz artificial y más tiempo despiertos durante la noche.
Esto ha provocado en poco tiempo (en términos evolutivos) un desajuste tanto en nuestro cerebro como a nivel hormonal, ya que la radiación ultravioleta, en cantidades moderadas, regula la producción de ciertas hormonas.
La falta de luz natural también ha demostrado ser causa de enfermedad. Por el contrario, los pacientes de hospitales que estaban expuestos a los rayos del sol se han recuperado mucho más rápido.
La luz del sol potencia el rendimiento cognitivo y reduce el riesgo de padecer enfermedades neurodegenerativas, como el Parkinson o la demencia.
También es buena contra la depresión, ya que eleva la producción de serotonina, la hormona del bienestar.
Por otro lado, la luz solar es buena para la vista, protegiéndonos contra la miopía, sobre todo en los niños.
Otro riesgo del déficit de sol son las enfermedades autoinmunes, ya que eleva el riesgo de contraer enfermedad de Crohn, esclerosis múltiple y asma. La psoriasis también está asociada a bajos niveles de vitamina D.
Los rayos ultravioletas del sol también previenen la enfermedad coronaria, al liberar óxido nítrico en la sangre, reduciendo la presión arterial.
Por último el sol previene la obesidad y el síndrome metabólico, mejorando la sensibilidad a la insulina y reduciendo la grasa hepática.
También parece regular la microbiota intestinal, las bacterias que viven en nuestro intestino y degradan los alimentos, que juega un papel importante en la pérdida de grasa.
Por todas estas razones recomiendo tomar el sol más que evitarlo, pero siempre moderadamente. Entre 10 y 15 minutos de sol directo por día es suficiente para obtener sus beneficios.
Lo ideal es buscar un momento del día en que podamos sentarnos al sol y exponer la mayor parte posible de nuestro cuerpo. También es buena idea dar un paseo o intentar hacer actividades en el exterior.
Si vives en un lugar donde hay poco sol o está la mayor parte del tiempo nublado te recomiendo tomar un suplemento de vitamina D.
En definitiva, todo lo que puedas hacer para aprovechar las bondades del astro rey serán muy beneficiosas para tu salud. Hazte amigo/a del sol!

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